Érase una vez que se era, un pequeño carrilbicista de Sevilla que paseaba como todos los dias con su bicicletita por el carril-bici de la carretera de Carmona, disfrutando las maravillosas “infraestructuras ciclistas” que el Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla había puesto a su disposición.
Así que nuestro pequeño carrilbicista disfrutaba de su carril-bici el lunes…
Y nuestro pequeño carrilbicista se deleitaba sabiendo que estaba a salvo del peligrosísimo tráfico en su carril-bicito el martes…
Y nuestro pequeño carrilbicista sentía la satisfacción de ser sostenible y no contaminante en su carril-bici el miércoles…
Y entonces, de pronto, un jueves fatídico nuestro pequeño carrilbicista observó un espantoso cartel que algún malvado había puesto en su camino para turbar su tranquilidad y afear el paisaje: ¡Un cartel de prioridad de los peatones!
Arrancado tan despiadadamente de su feliz ensueño carrilbicista, nuestro hombrecito mira alrededor y vé algo nuevo.
Algo que no había visto el miércoles
ni lo había visto el martes,
ni lo había visto el lunes,
ni lo había visto el lunes, ni el martes, ni el miércoles, ni el jueves, ni el viernes de la semana anterior.
No lo había visto tampoco el mes anterior.
Vamos, que de pronto se da cuenta de algo completamente nuevo, inesperado, inusitado, inexplicable. Nuestro hombrecito lo expresa con magnífica ecuanimidad:
Como es un carrilbicista muy cívico (además de sostenible) nuestro hombre se pone filosófico e indignado por lo mal que se hacen las cosas en este país:
Tan sesuda, y cívica, y crítica reflexión, curiosamente, no se le había ocurrido hacerla ni el miércoles, ni el martes, ni el lunes, ni la semana anterior, ni el mes anterior, ni ninguna de las otras veces que ha pasado tan carril-feliz por el carrilbicito que le ha puesto el Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla: tan sesuda y critica reflexión sólo le viene a la cabeza cuando se encuentra el cartel de “prioridad a los peatones”. Fíjate tú que curioso.
Por supuesto, ni el miércoles ni el martes ni el lunes ni la semana anterior ni el mes anterior ni en ningún momento, a nuestro pequeño carrilbicista se le ha ocurrido pedirle al Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla que construya esa puñetera acera (aunque sí que se le ocurre continuamente pedirle que amplíe la red de carriles-bici). Y mucho menos se le ha ocurrido decir que ese no debe ser considerado un carril-bici y no debe ser usado por los ciclistas mientras los peatones no tengan un espacio decente. Por supuesto que no se le ha ocurrido: lo importante es lo importante, y los carrilbicistas saben muy bien que es lo carril-importante.
Entretanto, mientras nuestro pequeño carrilbicista continúa perido en sus carril-disquisiciones, echemos una ojeada a algo que él no quiere mirar: la calzada que hay al lado de su queridísimo carril-bici:
… y lo que vemos es una calle perfecta para ir en bici: buena visibilidad, buen espacio… ¿qué más puede querer un ciclista?
¡Ah, ya!: ¡Un carril-bici!
Y es que el viejo proverbio está equivocado: No es que el número de los carril-tontos sea infinito: es que los carril-tontos que hay cunden que te cagas.
Txarli

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