Desplome histórico del uso de la bicicleta.

Posted on 19 noviembre 2005. Filed under: Sin categoría | Etiquetas: , |

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(Continuación del artículo “En Holanda hay tantas bicis gracias a…”)

Evolución del uso de la bicicleta en los Países Bajos:

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Porcentaje de uso de la bicicleta en el tráfico en Amsterdam y Copenhage.
Fuente: Ministerio de Transportes de los Paises bajos. Citado por el World Bank.

El documento original está aquí (Fig. 2 en pág. 13). Algunos números relacionados con esta gráfica, y otros detalles interesantes para explicar la inversión de la tendencia en los años setenta, están en el documento:

The autumn of the Bicycle Master Plan: after the plans, the products. Ton Welleman,
Dutch Ministry of Transport, Velo-city conference Basle, 1995.

Eso es lo que hay: el pobrecito gobierno Holandés se tira treinta años construyendo vías segregadas para los ciclistas (vias segregadas mucho mejores que las que se jamás se podrán construir aquí, excepto que haya otra guerra), y entre tanto los desagradecidos ciclistas desertan de sus bicis en tropel: el uso de la bici se colapsó en los Paises Bajos durante la época dorada de construcción de vías segregadas… hasta los años 70, cuando la OPEP carraspeó.

Es imposible sostener, a la vista de estos datos, el mito de que las vías segregadas holandesas estuviesen dirigidas a “promover” la bici, o de que hayan tenido algún efecto aumentador de ésta. La política de segregación holandesa fue una política de “abrir camino al coche” por el procedimiento de conservar un poco de las bicis concediéndoles un rincón, es decir: lo que la política de segregación es en todos los sitios. E incluso en su objetivo de “conservar” bicis, la política de segregación holandesa fracasó estrepitosamente: sin la primera crisis del petróleo en 1973, el número de ciclistas seguramente habría seguido bajando, y no hay ningún motivo para creer que hoy dia habría en las ciudades de Holanda muchos más ciclistas de los que hay hoy en cualquier ciudad plana y de urbanismo relativamente amable de España como, por ejemplo, Sevilla.

Hay dos conclusiones principales que sacar de esto, una dificil de aceptar por los carrilbicistas, y la otra todavía más dura para ellos: están de mala suerte.

La primera conclusión es: No hay ninguna duda de que el uso de la bici en Holanda NO tiene ninguna relación con las vías segregadas: la bici era todavía en 1970 el 20% del tráfico A PESAR DE (y no “gracias a”) la política de segregación de la bicicleta. El alto nivel de uso de la bici tiene que ver con su presencia masiva en las ciudades antes de la llegada del automóvil, y con una cultura entera de tráfico que creció desde su origen en torno a un uso generalizado de la bici, que ni siquiera pudo ser aniquilada del todo con los intentos de marginarla en vías segregadas.

Diciéndolo en plata: En Holanda no hay bicis “gracias a los CB”, sino al revés: hay CB para intentar contener y ordenar la masa enorme de bicis que ya existía y que estuvo desplomándose durante décadas. Y si alguien dice lo contrario, miente.

¿Lo he dicho con la suficiente claridad? Los carrilbicistas mienten.

La bici empezó a recuperarse (sólo parcialmente) en los años 70 en Holanda principalmente porque el nivel de uso siempre había sido alto, y porque, cuando llegó la primera crisis del petróleo, el país entero tenía una memoria colectiva de uso de la bicicleta, la sensación de que “antes se iba en bici” y por tanto “se podía volver a ir en bici” de nuevo. Todo el mundo sabía, y recordaba, que ir en bicicleta era posible, así que cuando lo necesitaron se pusieron a ello. Sin historietas.

Los puñeteros carriles-bici no tienen nada que ver con ello: llevaban treinta años construyendose, y no habían servido absolutamente para nada.

Ahora bien, aquí hay un misterio: si la bici comenzó a recuperarse en Holanda a causa de la primera crisis del petroleo, ¿por qué no hizo lo mismo en España al mismo tiempo? Al fin y al cabo, aquí también hubo crisis…

Aquí comienza la segunda conclusión (desagradable para la troupe de risueños carrilbicistas, pero eso es su problema, no el mío):

¿Qué impidió a la bici despertar en España a la vez que en Holanda?

La razón básica por la que la bici tenía más dificil despegar aquí en los años 70 y 80 es que en España no existía memoria colectiva de uso de la bici. No había “calles que reconquistar” porque la bici nunca había sido la reina de las calles aquí. Aquí no había, al contrario que en Holanda, el recuerdo de un “paraiso ciclista perdido” al cual regresar. No había la sensación de que la bici fuese “posible”.

La tarea era dificil: el desarrollismo (post)franquista no era el mejor entorno, pero la bici podría haber despertado un poco después, y un poco más lentamente, con un activismo adecuado; sin embargo, algo se interpuso en el camino de la bici: algo que ha mantenido la bicicleta española literalmente arrinconada durante treinta años.

Los pocos y desorientados pioneros ciclistas que tenían algún interés en promover la bici miraron hacia la Uropa, vieron Holanda, vieron bicis, vieron carriles-bici, se quedaron deslumbrados y no necesitaron averiguar más.

Sumaron dos y dos y les salió veintidós.

Como consecuencia de este malentendido fatal (o, si lo decimos duramente: de esta falsificación histórica), el ciclismo urbano español quedó atrapado en la ratonera del carrilbicismo, y no ha levantado cabeza desde entonces. Los activistas, en vez de esforzarse por sacar bicis a las calles, empezaron a perder tiempo y energía mendigando vías segregadas. Y los nociclistas entendieron inmediatamente el mensaje, la consecuencia lógica de ello, que los carrilbicistas no quieren ver: “Si esos chicos insisten tanto en que hay que poner carril-bici es porque las calles no son para las bicis. Ni se os ocurra sacar la bici a la calle, chicos.”

Lo más patético de todo es que los carrilbicistas siguen rascándose la cabeza y preguntándose qué es lo que va mal. Y la respuesta, claro, es siempre la misma: “¡Hacen falta más carriles-bici!”

Ya.

¿Dije antes que son como niños? Retiro el “como”.

Y en esas estamos, treinta años después, con treinta años de activismo ciclista tirados a la basura persiguiendo un espejismo peligroso; con el uso de la bici a niveles testimoniales; con una generación entera de ciclistas urbanos echados a perder e incapaces de desenvolverse dignamente ni siquiera en las calles más inofensivas; y con la cultura del ciclismo urbano completamente corroida por el veneno del carrilbicismo. Digámoslo de una vez: el carribicismo es el culpable principal de que la bicicleta, hoy, en España, lleve dos generaciones de retraso respecto a Holanda. El daño que el carrilbicismo ha hecho a la bicicleta es tan catastrófico que nos va a costar otra generación corregirlo y poner la bici en su lugar natural como reina de las calles (y eso sólo si lo tenemos claro y trabajamos duro, y desde ya, en ello).

Claro que es mucho más fácil y descansado repetir las cantinelas de siempre: “carril-bici ya”. Pero está muy pasada la hora de que el ciclismo urbano español salga de una vez de sus fantasías infantiles.

Txalud.

Txarli
Carril Bici NO
Queremos toda la calle

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