Qué duros son los buenos propósitos.

Posted on 30 julio 2008. Filed under: Valencia | Etiquetas: , |

Empecé la nueva etapa de este blog como se empiezan los años nuevos: haciendo una lista de buenos propósitos. Iba a ser educado con mis interlocutores, asumir buena fé en sus actitudes, respetar las opiniones que no comparto, buscar puntos de encuentro, actuar de manera constructiva pero no dogmática con quienes considero equivocados, no diciendo nunca “las cosas son así” sino “en mi opinión las cosas son así” etc etc etc. todas esas cosas tan políticamente correctas.

Y a continuación voy y me encuentro con esto:



Y no he podido evitar exclamar: ¡Recórcholis!

(Pido disculpas a aquellos carrilbicistas que consideren “recórcholis” una expresión demasiado grosera y ofensiva para sus delicadas sensibilidades).

Tenemos aquí a un respetable ciclista que va por ahí regodeándose (muy respetablemente) en pegar respetables sustos a los tranquilos paseantes porque “están en su respetable carril-bici”, y que de paso se permite insultar alegre pero respetablemente a sus irrespetuosas víctimas:

Me hubiera gustado ver más sustos y reacciones violentas… pero es q este tipo de gente es idiota hasta para eso.

El vídeo contiene varias gemas. He aquí algunas:


[bocinazos 1]

[bocinazos 2]

[bocinazos 3]

[bocinazos 4]

Pero vaya: había hecho propósito de ser educado, así que respiraré hondo y contaré hasta diez.

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10.

Bueno, ya me siento mejor. Las cosas se ven más claras con un poco de calma. Alguien demasiado superficial e impetuoso, como el Txarli que yo solía ser, podría pensar atolondradamente que este carril-caballero es jilipollas, pero eso es solo una apreciación subjetiva, muy discutible, que seguramente ofendería a ese carril-caballero, y que no ayuda nada a entender el fondo de lo que está ocurriendo, porque incluso suponiendo (es un suponer, una hipótesis de trabajo: no estoy intentando insultar a este carril-caballero) que este carril-caballero fuera o fuese jilipollas, el caso es que la vía pública está llena de hipotéticos jilipollas que, sin embargo, durante la mayor parte del tiempo y excepto en situaciones extremas:

  1. Consiguen disimular bastante bien su condición de susodichos jilipollas, y
  2. Si se comportan como jilipollas suelen encontrar alguien que está dispuesto a hacerles frente y ponerles en su sitio.

Una vez planteado el tema así, el problema que se plantea en este vídeo no es si este carril-caballero es o no es jilipollas: eso es sociológicamente intrascendente. El problema real es:

  1. ¿Por qué este carril-caballero se permite el lujo de comportarse como un auténtico y redomado jilipollas (atentos, por favor: no le estoy insultando ni estoy diciendo que lo sea, sólo que se está comportando como si lo fuese) de manera tan arbitraria, tan innecesaria y con tal confianza en su impunidad?
  2. ¿Por qué los peatones de los que este carril-caballero va abusando no adoptan una actitud adecuada ante él, por ejemplo mandándole de un didáctico patadón, con su bici y todo, fuera del carril-bici?

La causa, creo que está claro, no puede ser que este carril-caballero sea un jilipollas distinto de cualquier otro, ni tampoco que los paseantes con los que se va encontrando sean gente extrañamente sumisa. La causa es, necesariamente, que ambos (nuestro carril-caballero y sus dóciles víctimas-paseantes) han sido metidos por el Ayuntamiento de Alboraya en una situación en la que uno se siente con derecho al abuso y otros se sienten empujados a soportar el abuso.

Es decir: la causa es el carril-bici.

Por cierto: tenemos un mensaje publicitario de nuestro protagonista:

¡Gracias al Ayuntamiento de Aboraya por el magnífico carril-bici que me permite expansionarme en mis momentos de ocio, y mando un saludo desde aquí a mi amigo de fatigas el Biciclista Fantasma!

Para sacar la conclusión, quizá podríamos hacer una encuesta:

¿Por qué en los carriles-bici ocurren estas cosas? ¿Cual cree que es el principal efecto de los carriles-bici sobre los ciclistas?

  1. El carril-bici atrae especialmente a los ciclistas jilipollas.
  2. El carril-bici facilita que los jilipollas de tapadillo salgan del armario en todo su esplendor.
  3. El carril-bici convierte a los ciclistas que lo usan en jilipollas.

NOTA ACLARATORIA: EL Término “jilipollas” en este artículo ha sido utilizado siempre en un contexto hipotético o condicional, como un concepto psiquiátrico para referirse al estado mental producido por la sobredosis de carrilbicoína, y nunca como un insulto. Ningún carrilbicista ha sufrido daños físicos (ni psíquicos superiores a los que ya padeciese) como consecuencia de la escritura de este artículo.

Txarli

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Otros episodios de peatones puteados aquí y aquí.

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4 comentarios to “Qué duros son los buenos propósitos.”

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Diseño nefasto de vía ciclista sin anchura suficiente para el peatón. El Anillo Verde Ciclista de Madrid tiene generalmente suficiente anchura y señalización de la parte ciclista y peatonal.
http://www.panoramio.com/user/236008

saludos

[…] de la construcción de carriles-bici. Claro, que hay cosas peores que ser un carril-idiota: ser un carril-jilipollas o un […]

[…] De que los carriles-bici inducen el gamberrismo en los ciclistas hay vario ejemplos y muy pocas dudas. […]

[…] Aquí, otro menda que consigue circular por el carril-bici de Alboraya sin tener ningún accidente. […]


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